Un concepto sin definición, hecho hombre y publicidad: David Lynch

De esos seres que teniendo la cualidad de hacerse visibles públicamente, expresan formas inagotables de creatividad extrema, a veces con resultados explosivos, y en otras ocasiones, con efectos detractores, pero que jamás le son indiferentes al espectador, al lector, al cliente, a la crítica. David Keith Lynch, nacido en Missoula, Montana, Estados Unidos, el 20 de enero de 1946, es un…un creador. Un alquimista de lo onírico, del dadaísmo, el surrealismo, de lo no convencional. Escritor, guionista, cineasta, músico, pintor, artista plástico, promotor de la meditación trascendental y además, publicista.

¿Por qué David Lynch en EL SÓTANO?

Pues, este creador de curiosas fusiones artísticas, se ha dedicado a mercadear su concepto en lucha contra lo racional, lo lógico, lo continuo y lo estético; bajo un sello perturbador, elemento del mundo de la publicidad que suele ser muy atractivo. Pareciera no limitarse ante nada que lo haga saltar la talanquera de lo estándar o establecido en los cánones publicitarios.

Vender su propia marca de café orgánico a través de un comercial de 4 minutos (casi podría considerarse un cortometraje) es un riesgo total. Minutos de desconcierto, planos y tomas grotescos; imágenes terroríficas que invitan a considerar tácitamente lo vicioso del café, lo oscuro de su aroma y lo atractivo de sus efectos; escapado por completo de lo que usualmente se refleja en un promocional cafetero.

Su trayectoria como publicista ha rozado el mundo de los aromas; eso de expresar visualmente el olfato se le da muy bien en su mente debatida entre sueños y surrealismo. En 1988 dirigió sus primeros tres comerciales para la loción Obsession de Calvin Klein; cada versión basada en textos de tres importantes escritores de la lengua inglesa del siglo XX. El primero tiene un texto de F. Scott Fitzgerald, autor de El gran Gatsby; el segundo, de Ernest Hemingway; y el tercero, uno de D.H. Lawrence, autor de la novela El amante de Lady Chatterley, que por un buen tiempo se mantuvo prohibida en Estados Unidos, pues se consideraba demasiado explícita en sus descripciones sexuales.

Así como varias de sus producciones en la gran pantalla, algunos de sus comerciales han sido filmados en blanco y negro, en busca de agudizar los sentidos más allá de la visión; borrando los matices entre el inicio y el fin, el nacimiento y la muerte; reforzando el caos en sus expresiones artísticas. Inquietando al espectador.

En 1990 arrancó con su reconocida serie de culto: Twin Peaks, la serie  en la que el detective Cooper investigaba la muerte de Laura Palmer y que, más que una serie, parecían vísceras sangrantes y latentes de una ciudad viva y oscura; escenarios y situaciones aberrantes y atractivos; belleza y terror. Muy a lo Lynch. Que por cierto será retomada este año para llevarla al público en 2017. 

Perfumes en blanco y negro, hasta decidir reflejar color en la fragancia Opium, de Yves Saint Laurent;

muestras de tipos de café donde Lynch es el protagonista y su mano, separada del brazo, es la guía visual; un automóvil promocionado por unos labios gigantes pintados de morado diciendo palabras del inventado lenguaje "Micra";

una campaña por la limpieza de la ciudad de Nueva York para evitar la proliferación de las ratas, donde las tomas de éstas, son un close up extremo de las manitas de una rata agarradas de un alambrado, del hocico de uno de estos animales y sus afilados dientes frontales, cumpliendo perfectamente con su objetivo de persuasión aterradora, perturbadora y descarriada.

También realizó una publicidad para Play Station, donde muestra a un hombre caminando por un pasillo y en su trayecto va volteando a los lados para descubrir espacios con otras realidades, en ese caminar pierde la cabeza y escupe su brazo. Al final llega a un lugar donde tres extraños personajes están sentados en un sillón, uno de ellos es él mismo, otro es una momia sangrienta y el tercero tiene la cabeza de un pato, el cual le dice: bienvenido al tercer lugar.

Lynch en su paso por la industria de los comerciales ha creado anuncios oníricos y hasta poéticos en el caso de los perfumes, o en el de esmalte de uñas Rouge Louboutin, donde el cineasta jugando con una ciudad blanca y algunos elementos negros como unos zapatos con un exagerado tacón, resalta el rojo del barniz y crea la estilizada botellita que cuesta cincuenta dólares. 

Y al mencionar sus producciones cinematográficas, ahondamos en un vórtice anacrónico; más allá de los conceptos, pues no le gusta explicar sus producciones, pues no tienen dilucidación. A  diferencia de otros cineastas, Lynch no encuentra la inspiración en los sueños, ni en la vida; su proceso creativo suele comenzar en una idea que le enamora y que a su vez atrae otras, no necesariamente relacionadas, hasta que se conforma una lava etérea con posibilidades cinematográficas. Sus obras no piden ser comprendidas; si no las conoces, te invitamos a darle un vistazo, o mejor aún, a ver detenidamente sus obras maestras de cine de culto: Eraserhead, Blue Velvet, Elephant Man y Lost Highway, entre otras.

Como está convencido de que el propio público es surrealista, Lynch entiende el cine como un arte abstracto sobre el que debatir y plantear nuestras propias conclusiones. Si son correctas o no, probablemente no lo sabremos nunca. 

Entre tantas historias y experiencias de comerciales, películas, series televisivas, obras de arte, piezas de música electrónica, David Lynch con su estética y particular narrativa ha creado escenarios y performances capaces de perturbar al más insensible de los espectadores, y en otros ha tenido además la oportunidad de hacerlos reír.  

De manera antagónica a la idea de que dedicarse a la publicidad significa "venderse", David Lynch prueba que zambullirse en este mundo representa una oportunidad más para reproducir su imaginario, ese mundo donde las pesadillas ocurren, aunque el escenario pareciera "normal"; sin embargo existe algo que no encaja, algo raro que inquieta y provoca escalofríos…incluso en una taza de café.

Juegos de la mente propia y ajena, tramas sinuosas e inconclusas, fusión de medios de comunicación; su fundación en pro de la educación basada en la conciencia… un ser humano hecho concepto; y de paso, un concepto sin definición. Eso es David Lynch, un tsunami a los sentidos, un agravio a lo ético, una respuesta surrealista a lo aburrido de la realidad. Una extraña forma de mercadear sus productos y a él mismo.