Tu cerebro en Facebook
Escrito por Max Clee. Publicado en Social Media
La expansión de Facebook tomó a muchos por sorpresa, su éxito fue una pequeña sorpresa para los cientos de investigadores que estudiaban las interacciones sociales en los laboratorios de neurociencia. Durante la última década, estos neurocientíficos han descubierto algunas peculiaridades inesperadas sobre el cerebro, y todo enlaza hacia una misma gran idea: estamos mucho más orientados socialmente, al nivel de la estructura y los sistemas del cerebro, de lo que tratamos de representar en la vida cotidiana.
¿Cuál es la importancia de esta afirmación? Sin duda es importante para Google, o para cualquier organización que quiera llamar la atención de la gente. Sin embargo, esta idea también tiene un lado oscuro que merece una mención.
Así es como funciona el cerebro social: la red cerebral que siempre está en el fondo es una región que participa en el pensamiento sobre uno mismo y otras personas. Esta red es tan omnipresente que se ha denominado la "red por defecto". Cuando no está haciendo otra cosa, el pasatiempo favorito del cerebro es pensar en la gente. De hecho, desconectamos esta región cuando hacemos cualquier otro proceso activo, como las matemáticas. Un estudio demostró que la inactividad, aunque sea tan sólo de dos segundos, hace funcionar esta red por defecto de nuevo.
Muchos estudios han surgido en los últimos años sobre la importancia de las interacciones sociales humanas para nuestro bienestar. Sabemos que las recompensas sociales encienden los circuitos de recompensa del cerebro más que las recompensas no-sociales, y que las amenazas sociales, tales como sentirse sólo o condenado al ostracismo, encienden el centro de la amenaza más que las amenazas no sociales. Incluso hemos visto que el dolor social, como quedarse fuera de una actividad, ilumina las mismas regiones que el dolor físico.
Hace poco nos enteramos de que el puesto en el que estás en el orden jerárquico de un grupo de personas que realizan un test de inteligencia tiene un impacto en tu propio coeficiente intelectual. Incluso sabemos que los hábitos sociales positivos son más importantes para la salud que la dieta y el ejercicio. (Sorprendentemente, el consumo moderado de alcohol es probable que alargue tu vida más que el no beber, probablemente debido a los beneficios sociales.)
Este tipo de hallazgos explican el éxito de los medios de comunicación social. Estamos dando a la gente algo que excita profundamente el cerebro de forma muy condensada, lo que los hace regresar. Después de todo, el cerebro está diseñado para minimizar el peligro, y maximizar las recompensas, y en una sociedad moderna con pocos peligros reales, nos centramos en las actividades más gratificantes que requieren de un esfuerzo mínimo (minimizar el esfuerzo también es visto como una recompensa).
Aquí está la semilla del problema. Los medios sociales pueden ser tan gratificantes que sobrepasan nuestra capacidad para concentrarnos en otras cosas. Nuestro cerebro tiene un circuito terriblemente débil para inhibir los impulsos, especialmente los impulsos que se ven deliciosos. Al igual que nuestra limitada capacidad para hacer cálculos complejos en nuestra cabeza, el control de los impulsos es un recurso limitado que cansa con cada uso. Durante décadas, los comerciantes de alimentos han utilizado este control de los impulsos en contra nuestra, hasta el punto de que ahora hay más personas con sobrepeso que personas que se mueren de hambre en el mundo, en gran parte debido a las calorías vacías que consumimos. Nuestras mentes pueden seguir el camino de nuestra cintura, como resultado de las "calorías neuronales vacías": forraje para el cerebro que estimula pero no llena.
Hay un circuito para "buscar" y un circuito para "gustar". La respuesta del gusto echa abajo los circuitos de la búsqueda. Sin la respuesta de gustar, somos como la rata que presiona el nivel de una y otra vez para conseguir un poco de dopamina, olvidándose de comer y de descansar.
El circuito que se activa cuando te conectas es el circuito de búsqueda de la dopamina. Sin embargo, cuando nos conectamos con la gente en línea, no tendemos a querer conseguir como recompensa la oxitocina o la serotonina que aparece cuando nos vinculamos con alguien en tiempo real, cuando nuestros circuitos resuenan con un tiempo real compartido mediante emociones y experiencias. No te sentirás igual de satisfecho hablando con 50 personas en Twitter que en persona.
Un exceso de dopamina – el cual se siente muy bien, al igual que con el azúcar - crea una hiperactividad mental que reduce la capacidad de enfoque más profundo.
Si tu trabajo es mantenerte "arriba" todo el tiempo un estado de hiperactividad mental no es un problema. Pero olvídate de tratar de centrar tu atención, pensar profundamente, o aprender algo. Un estudio realizado por estudiantes de psicología en un colegio descubrió que los jóvenes que pasan más tiempo en Facebook tienen más probabilidades de desarrollar hábitos de estudio más bajos y débiles. Los usuarios de Facebook muestran signos de ser más sociables, pero también son más propensos a estar ansiosos, hostiles o deprimidos. Casi una cuarta parte de los adolescentes de hoy revisan Facebook más de 10 veces al día, según un estudio realizado en 2009 por Common Sense Media.
A lo largo de la historia, cada vez que una nueva tecnología surgía se producía un cambio dramático en la forma de interactuar de la gente, y le toma un tiempo a nuestros hábitos humanos el ponerse al día. Cuando el automóvil llegó por primera vez, la gente podía conducir a cualquier velocidad y en cualquier dirección. Finalmente, las normas de circulación y los límites de velocidad se pusieron en marcha, y el mundo se volvió un lugar más seguro. Facebook no es malo per se, al igual que los coches no son malos. Sin embargo, nuestra relación con el automóvil es más segura en general con algunas reglas unidas a una buena educación vial.
Tal vez tenemos que empezar a pensar en algunas reglas de tráfico y límites de velocidad para el uso de medios sociales. Sin duda es importante para nuestros niños, cuya auto-regulación de los circuitos se acaba de formar. Sin embargo, dado que la autorregulación no es uno de nuestros puntos fuertes en la sociedad moderna, tal vez todos necesitemos una mejor comprensión del impacto de esta nueva herramienta en nuestra propia capacidad de pensar.
